ANTES DEL FIN DEL MUNDO

El bueno de Forno me informa que en fin de semana en Maitencillo pudo ver a tres ballenas saltando, haciendo piruetas, moviendo sus enormes aletas a su antojo frente a las costas de ese balneario. Me dijo que la gente aplaudía los saltos de estos colosos, se emocionaban con cada aparición. Y me queda la duda, la maldita duda de siempre: ¿por qué no nos emocionamos con la desaparición de las ballenas? ¿Por qué entonces no nos asombra que Japón siga lanzando buques balleneros a nuestras costas o cerca de ellas? ¿Por qué no nos asombra que en caurenta años más el 70% de las especies NO EXISTIRÁN?
Me pone mal la situación del calentamiento global, la deforestación, la contaminación, las guerras, todo por el vil y prostituto dinero. Me da una pena negra pensar que no hay mucho que hacer y que a ratos todo perdió cierto sentido. Me da pudor escribirlo incluso, como si quisiera quedar como bueno. Pero no, no es mi intención, ser bueno es sinónimo de imbécil hoy por hoy. Gente con incapacidad de organizarse, que huele flores y escribe poemas mientras llueve ácido en las cabezas de todos nosotros.
Si de algo sirve ser humano, es porque podemos desarrollar ciertas cualidades pasadas de moda y manoseadas por algunas religiones como la compasión, la piedad, la solidaridad, y mejor aún, el sentido común, la capacidad de organizar revoluciones o al menos, pataleos visibles. Pero no, no ocupamos esa parte. Sólo la gula, la vanidad, etc.
¿Qué hacemos? ¿Lloramos? ¿Qué cresta hacemos? ¿Nos unimos a Greenpeace, a Oceana, no confiamos en ninguna organización como esas y tiramos la cuestión por la borda y dejamos que todo se vaya al carajo? ¿Inventamos una nueva? ¿Cómo? ¿No, qué lata?
Bah, ni pesquen, es un alegato solitario y sin rumbo de un día lunes. En los diarios vienen puras idioteces en portada, y no, no vienen las ballenas de Maitencillo. En ninguna parte. Eso lo dice todo. No hay espacio para romanticismos ñoños como este. Así las cosas, mejor ir para abajo y fumarse un cigarrito. Y soñar que nada está perdido mientras el mundo se hace humo.